En las granjas del apocalipsis antibiótico

En las granjas del apocalipsis antibiótico

Los responsables de la granja de cerdos situada en la demarcación de Zhaoqing recibieron a la comitiva de expertos liderada por el profesor Ying Guangguo sin preocuparse de adecentar el lago que utilizan para lanzar los desechos que generan sus animales. Más de una veintena de pequeñas crías de puerco flotaban muertas sobre el líquido de la alberca mientras los enormes peces gato que la habitan devoraban a una de ellas.”Los pescados tienen que comer algo ¿no? ¡Pero no los vendemos!”, replicó Wu Canwen, el joven director del recinto cuando alguien le sugirió que aquella podía ser una imagen un tanto repulsiva.

Ying Guangguo, uno de los investigadores más significados del Instituto de Geoquímica de Guangzhou, se había personado en la finca de la provincia de Guangdong para supervisar junto a su colega Zhi-Pei Liu del Instituto de Microbiología CAS de Pekín el nuevo sistema de reciclaje del mismo agua donde se entremezclan cochinos y pescados.”Hasta ahora no se purificaba nada”, explicó Zhi-Pei para añadir que cuando el estanque desbordaba todo el líquido y las sustancias contaminantes que incorpora -incluidas las excreciones de los animales- se dispersaba por los cultivos colindantes.Tras observar las tres grandes turbinas de la potabilizadora erigidas en un pequeño habitáculo, la comitiva recorría los sembrados situados al costado de las siete edificaciones donde los propietarios del complejo crían a 1.100 gorrinas que a su vez producen varios miles más de cochinillos al año.

Cerdo

Cuando se le inquirió a Wu Canwen qué cantidad de antibióticos proporciona a los animales, su primera respuesta fue negar su uso, aunque después matizó. “Sólo utilizamos los autorizados por el Gobierno”, aseveró. Una afirmación que gozaba de tan escasa credibilidad que mientras que se expresaba el profesor Ying Guangguo a penas pudo contener la risa.

Horas más tarde tanto él como Zhi-Pei reconocerían al periodista que esa granja recurre a “cinco kilos de antibióticos al año”. “Se puede considerar mucho para el número de animales que tienen”, añadió Zhi-Pei Liu.El trayecto hasta Zhaoqing, 50 kilómetros al oeste de Guangzhou, es también un recorrido a través de un paisaje repleto de pequeñas piscifactorías. Desde el avión que conecta la capital china hasta la pujante villa sureña, el delta del río Perla semeja ser un puzle de pequeños rectángulos acuáticos apelotonados entre las poblaciones y los cauces fluviales. Además de ser uno de los epicentros de la cría porcina de China, la provincia es también el corazón de las piscifactorías locales, que suministran el 60% de la producción mundial.

A su pesar, Ying Guangguo reconoce que la región se significa además por ser uno de los mayores vertederos de antibióticos de todo el país, una práctica muy común en la nación asiática y que ha convertido al Estado asiático en el verdadero epicentro de la lucha contra la llamada resistencia a los antimicrobianos (RAM), generada por el abuso de estos medicamentos.La Organización Mundial de la Salud (OMS) alertó en 2015 que este es “uno de los mayores desafíos de salud” -palabras de su directora Margaret Chan- que enfrenta todo el orbe y que nos podría retrotraer a la era previa a 1928, cuando se descubrió el primer antibiótico, la penicilina, y “las infecciones comunes o lesiones menores” podían ser mortales. La misma organización advirtió que China sería el país más afectado y que para 2050 podría registrar un millón de muertos de los 10 millones que se estima fallecerán en esa fecha a nivel global a causa de la resistencia a los antibióticos, una cifra superior a las víctimas que se cobra actualmente el cáncer.

Sentado en el vehículo que nos transporta hasta Zhaoqing, el profesor Ying reflexiona sobre una problemática difícil de atajar en su país. “Somos muchos y nos gusta mucho la carne de cerdo. Los granjeros suministran antibióticos a los animales para engordarlos y reducir la mortalidad”, asegura. “Ese proceso genera un círculo vicioso. Los desechos de los cerdos van a parar al agua y con ese agua se riegan los vegetales que comemos. Lo mismo ocurre con las piscifactorías. Los dueños mezclan los alimentos de los peces con antibióticos”, añadió.Su compañero Zhi-Pei aclara que la presencia de potabilizadoras como la que han instalado los responsables del complejo de Zhaoqing -una área que acoge a más de un millar de granjas porcinas- son una “rareza”. “Sólo un 20% dispone de este sistema. Cuestan mucho dinero y los propietarios prefieren echar todos los desechos directamente a los ríos”, apunta Zhi-Pei.

El mapa de la intoxicaciónYing, de 52 años, se percató de la crisis que se avecinaba cuando regresó de estudiar en Australia en 2005 y descubrió que en China no existía “casi ninguna conciencia de cómo usar los antibióticos”. Tras dedicar toda una década a esa investigación, publicó en 2015 un detallado mapa del vertido de antibióticos en el medioambiente de su país que generó una conmoción.Las mediciones en 58 de las principales cuencas ribereñas permitieron estimar que cada año se diseminaban decenas de miles de toneladas de estos fármacos en las aguas y terrenos del país: un 46% terminaba en los ríos y lagos locales, y un 54% en el suelo y tierras de las campiñas. El equipo dirigido por Ying ratificó que el dilema se extendía por toda la nación, que consumió 162.000 toneladas de estos medicamentos en 2013 -la mitad de todos los que se utilizan en el planeta-, de los cuales 53.000 terminaron en ríos, pantanos o terrenos.Las estadísticas eran apabullantes.

En el delta del río Hai -que conecta Pekín y la ciudad de Taijin-, o del citado río Perla, en Guangdong, la concentración de antibióticos alcanzaba 79,3 kilos por km2. “No parece muy saludable que nos podamos bañar en una sopa de antibióticos en el delta del río Perla”, advirtió con sorna el influyente diario South China Morning Post de Hong Kong, vecino de Guangdong, tras conocerse estos guarismos.

En el lago Dongting, uno de los más emblemáticos de China, Ying y sus ayudantes constataron que se tiraban 3.440 toneladas de estos productos cada año. Ríos como el Amarillo, el Huai o el Yangtze recibían más de 3.000 toneladas. Los hallazgos del Instituto de Geoquímica de Guangzhou se vieron reforzados en meses ulteriores por otros muchos estudios como el que realizó la Universidad Fudan de Shanghai en febrero del año pasado, que descubrió antibióticos en la orina del 80% de los menores que se sometieron a las pruebas en los colegios de la capital financiera de China.La alarma mundial se acrecentó en noviembre de 2015 cuando científicos chinos descubrieron el llamado gen Mcr1, resistente a los antibióticos de última generación.

El hallazgo se realizó precisamente en un cochino. En poco más de seis meses, ese gen había conseguido expandirse hasta EEUU. En enero de 2016, aprovechando la reunión del Foro Económico Mundial en Davos (Suiza), más de 80 farmacéuticas y ocho asociaciones representantes de esa industria lanzaron un urgente llamamiento para requerir la colaboración de los gobiernos en la búsqueda de un remedio contra las súperbacterias que dijeron en pocas décadas podrían “matar” a decenas de millones de personas en todo el mundo.”Desde la década de los 80 no se descubren nuevos antibióticos y los de última generación están perdiendo eficacia”, admite Ying.

El recurso masivo a estos fármacos no se reduce sólo a las granjas porcinas o piscifactorías, sino que constituye una práctica tradicional entre la población china, habituada a usarlos para solventar cualquier dolor de cabeza o tos aguda. En 2012, el Ministerio de Salud reveló que cada chino consumía 138 gramos de antibióticos por año, 10 veces la cantidad registrada en EEUU. Y reconoció que al 70% de los pacientes externos de los hospitales se le recetaban estos productos cuando la OMS cifra un máximo del 30%.”Las empresas farmacéuticas pagan a los doctores para que receten antibióticos. Además, en China tenemos una enorme cantidad de pequeñas clínicas que funcionan casi sin control. Ese es otro problema del país. Una cosa es la legislación y otra la realidad”, precisa Ying.

http://www.elmundo.es/cronica/2017/01/16/58791338268e3ec6258b4619.html

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