Francia, contra la colonización agrícola china

Francia, contra la colonización agrícola china

De toda la inversión extranjera que llega a Francia, la de China supone menos del 3%. Es muy poco en comparación con la de Alemania o, incluso, España. Sin embargo, el Gobierno francés está preocupado. El dinero chino se centra últimamente en sectores que Pekín considera estratégicos, como la alimentación. La compra más reciente: 900 hectáreas de terreno cultivable en la región del Allier, que se suman a las 1.700 hectáreas que el empresario Keqin Hu adquirió ya entre 2014 y 2016 en Indre. Todo lo producido irá directamente al mercado chino. Y las compras seguirán.

El presidente Emmanuel Macron viajó a Pekín en enero y descubrió que las cosas estaban cambiando. Desde el endurecimiento de los controles sobre el capital que el Gobierno chino impuso en diciembre de 2016, las empresas de dicho país tienen mucho más complicado comprar sociedades extranjeras en sectores como el lujo, el sector inmobiliario, el turismo o el entretenimiento. A Pekín no le interesan esas cosas. Quiere que su enorme excedente de capital sirva para controlar infraestructuras, y, sobre todo, alimentación. Justo lo que no protege el Ejecutivo francés.

En el Ministerio de Finanzas de Bercy nunca preocupó que empresas chinas poseyeran unos 130 chateaux vinícolas en las zonas más selectas de Francia. Hace sólo unas semanas, el empresario Peter Kwok se hizo con un chateau en Pauillac (Burdeos) por unos 20.000 euros el metro cuadrado de viñedo, un precio más propio del centro de Manhattan, y nadie se inmutó.

Lo mismo con las compras de clubes de fútbol como el Auxerre o el Sochaux. Tampoco fueron mal vistas la compra del decadente Club Med o del grupo hotelero Louvre (el segundo de Europa, con marcas como Campanile o Toyal Tulip), o la adquisición del 10% de Air France-KLM por China Eastern Airlines.
Incluso el hecho de que Dong Feng se convirtiera en primer accionista del grupo automovilístico PSA (Citroen y Peugeot) se consideró inevitable.El Gobierno francés dispone de un equipo de inspectores de finanzas dedicado a vetar inversiones chinas en los tres sectores que considera «de interés nacional»: defensa, telecomunicaciones y salud. Se trata de un mecanismo creado por el ministro de Industria, Arnauld Montebourg, bajo el mandato de François Hollande.

Emmanuel Macron, alarmado en su viaje a Pekín por las dificultades que encuentran las inversiones francesas y por el alud de dinero chino sobre Francia, quiere reforzarlo en los próximos meses y ampliar el ámbito de protección. «Rechazamos muchísimas inversiones chinas», dijo el ministro Bruno Le Maire el mes pasado, «porque queremos proyectos razonables y a largo plazo, no el pillaje».El campo, sin embargo, está abierto al pillaje. Descapitalizada y deprimida, la agricultura francesa no está en condiciones de rechazar ninguna oferta. En otro tiempo, Francia protegía la producción de alimentos y por esa razón creó, entre 1960 y 1962, las Safer (Sociedades de Ordenación Mobiliaria y Establecimiento Rural).

Según la ley, cuando se hace una oferta por un terreno francés dedicado al cultivo, la Safer local tiene derecho a igualarla. Esta protección del campo funcionó hasta que los chinos encontraron en el sistema una falla muy simple: en lugar de presentar ofertas, crean con el propietario una sociedad conjunta de la que el inversor posee el 99%. Y ya está. La Safer queda fuera de juego.Para China, la ecuación es simple.

Como explicaba en Le Figaro el especialista Christophe Dequidt, «China posee el 20% de la población mundial y menos del 10% de las tierras cultivables». Pekín lleva muchos años fomentando la compra de tierra en países africanos y latinoamericanos y dispone ya de propiedades masivas.

Un país como Francia ofrece, sin embargo, más valor añadido. Keqin Hu, el patrón de Reward Group International, que dice poseer ocho fincas agrícolas en territorio francés, quiere convertir su nueva propiedad en el Allier, dedicada al cereal, en la base de una cadena de panaderías de lujo en China.

La idea es utilizar el prestigio de la agricultura francesa para ofrecer a las clases acomodadas chinas un producto especial (y libre de la contaminación alimentaria habitual en China) a un precio elevado. Keqin Hu asegura que seguirá comprando fincas en Francia.El desánimo llegó a ser tan grande que el Ministerio de Agricultura, respaldado por un informe del Tribunal Constitucional sobre las posibles trabas de las Safer al libre comercio, pensaba suprimirlas gradualmente. Un diputado socialista, Dominique Potier, frenó el proyecto a principios de 2017 y presentó en la Asamblea Nacional una propuesta de ley dirigida a impedir «la acumulación de tierras», que ahora ha redactado de nuevo teniendo en cuenta las objeciones constitucionales. Otros diputados, como el comunista Jean-Paul Dufregne, le respaldan. «Yo quiero proteger la libertad de los jóvenes agricultores franceses, que no pueden acceder a la propiedad, antes que dejar la tierra en manos de naciones extranjeras», dice Potier.

http://www.elmundo.es/economia/2018/02/27/5a900f5aca4741487a8b4625.html

ComparteShare on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Share on LinkedIn
Volver arriba

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies